En octubre de 2025 más de doscientos agentes federales irrumpieron de forma simultánea en ciudades de Estados Unidos. El FBI ejecutaba la Operación Nada Más Que Apuestas. El objetivo, desmantelar una red criminal de fraude tecnológico ligada al póker y las apuestas deportivas.

El origen del fraude tecnológico
La estafa de los contadores de póker comenzó lejos de los arrestos. Su punto de partida fue una vulnerabilidad técnica. En agosto de 2023, investigadores de ciberseguridad demostraron cómo hackear la barajadora Deckmate 2. Ese modelo se usaba en partidas privadas de alto nivel. La máquina incluía una cámara interna para verificar el mazo. Un puerto USB mal protegido permitía acceder a esa información.
Con un pequeño dispositivo, era posible conocer el orden exacto de las cartas. La información se enviaba por Bluetooth a un teléfono cercano. Dos años después, esa técnica se convirtió en el núcleo de una red criminal. La tecnología abrió la puerta a la trampa perfecta.
Las partidas se organizaban en mansiones y salones privados. Las víctimas eran empresarios, celebridades y jugadores adinerados. La presencia de figuras de la NBA otorgaba legitimidad al evento. Eso generaba confianza inmediata.
Las barajadoras estaban manipuladas. Transmitían cada mano antes de ser repartida. Un operador externo, conocido como “quarterback”, analizaba los datos. Luego enviaba señales discretas a los jugadores cómplices. Un gesto, una pausa o una apuesta indicaban la mejor jugada. Nada parecía extraño para un observador casual. Así, la estafa de póker funcionó durante años sin levantar sospechas.

La conexión con las apuestas deportivas
La red no se limitaba a las mesas. El dinero fluía hacia las apuestas deportivas ilegales. Jugadores activos y retirados aportaban información privilegiada. Lesiones fingidas y rendimientos alterados modificaban las cuotas. El caso más visible fue el de Terry Rozier. Según la acusación, avisó que abandonaría un partido antes de tiempo.
Minutos después, se colocaron apuestas coordinadas. Todas resultaron ganadoras. El FBI detectó al menos siete partidos bajo sospecha. Equipos como Lakers, Raptors y Blazers estuvieron involucrados. La manipulación deportiva y el póker amañado formaban un mismo sistema. El dinero no se quedaba en las mesas. Era canalizado hacia familias de la mafia italiana.
Bonanno, Gambino y Genovese aparecen en los documentos judiciales. Utilizaban empresas fachada para lavar ganancias. El fraude tecnológico funcionaba como un ciclo cerrado. El póker financiaba apuestas deportivas. Las apuestas alimentaban nuevas partidas privadas. Cada rama sostenía a la otra.
Los investigadores lo definieron como una conspiración sofisticada. Todo estaba diseñado para no dejar rastros evidentes.
El error que provocó la caída
Como en muchos fraudes complejos, la caída comenzó por un detalle. Una barajadora fue incautada durante una investigación paralela. El análisis forense reveló modificaciones internas. El patrón quedó expuesto. A partir de allí, el FBI conectó datos financieros y comunicaciones. Las piezas comenzaron a encajar.
El 23 de octubre de 2025, la operación se activó. Hubo treinta y cuatro imputados. Entre ellos, entrenadores y jugadores vinculados a la NBA. La red quedó desmantelada. La NBA anunció suspensiones inmediatas. También reforzó sus protocolos de transparencia.
Los casinos actualizaron todas las Deckmate 2. El puerto USB vulnerable fue eliminado. Las partidas privadas comenzaron a ser auditadas. El impacto fue profundo. Más allá del dinero, se perdió credibilidad.
Esa fue la mayor consecuencia. La estafa de los contadores de póker reveló una verdad incómoda.
El crimen evoluciona al ritmo de la innovación.
Este caso demuestra que ningún sistema es infalible. Cuando la ambición se combina con tecnología, el riesgo aumenta. Para el lector, la lección es clara. Donde hay dinero, siempre hay incentivos para manipular. La transparencia sigue siendo frágil. Y el juego, nunca completamente justo.





